2 de junio de 2017

No encuentro direcciones y la persona a quien quería dirigirme se pierde entre coordenadas y papeles. Recurro entonces a este señalador de tiempo, con la muy remota esperanza que su destinatario específico alguna vez lo encuentre, ya que, mi sospecha indicaba que ésta sería quizás nuestro último intercambio postal.

Por lo demás, ¡cuánto silencio espeso desde el último escrito hasta el de hoy!

Meine Pat:

Me permito ese antiguo vocativo, porque es tu cumpleaños y porque nomás, tenía ganas. Que todos los años venideros sean muchos y abundantes en felicidad junto a las personas que amás.

De mi parte, mi modestísimo regalo es darte gracias porque quien soy hoy tiene una profunda deuda con vos, por lo que pude aprender en el breve tiempo recorrido juntos, y en el largo tiempo de pensarlo todo, después. No puedo considerar mi presente sin considerar lo que significó tu presencia entonces y tu memoria hoy, y eso no es un dato menor.

Valga la redundancia, pues: que la alegría te sea tan cercana como lejana la tristeza y que el amor de los tuyos te sostenga hoy y siempre.

 

carlos

silencio.

Existe un silencio que se mantiene en sí, independiente de sentidos y alusiones. Otro silencio es aquel al que le atribuimos el peso del desconocimiento. Hay algo en él de aquellos a quienes deseamos tener presentes, algo que no es accessible por la sencilla razón de que quienes debieran asistirnos, convocarnos a su lado o allegarse al nuestro, sencillamente no están al tanto de ese deseo que abrigamos como un desvanecimiento de la mirada. Finalmente, existe el silencio que resulta de la explosión del anterior; un silencio en donde nos resulta evidente lo que siempre estuvo frente a nosotros: la indiferencia ajena. Aquellos que deseamos no nos hubieron convocado, no se allegaron por la desprendida razón de que no tenían ni interés, ni intención, ni deseo de hacerlo. No había motivo de su parte para intentar nada, no había necesidad o compulsión – mucho menos, deseo. Es entonces en ese lugar desolado y funesto como un cuarto blanco y sin sombras donde podemos por fin encontrarnos, saber a qué atenernos, saber quién – qué – somos cuando nos atenemos al propio ser. Si somos afortunados, ese es el punto de inflexión en donde podemos dar sentido a la soledad; caso contrario, la soledad nos da sentido a nosotros, es decir, nos extingue, nos vuelve refracciones de nosotros mismos.

end of times.

The idea of death. Coming to an end. The religiously affiliated would find consolation on the notion of the afterlife, which undermines the present life, turning it into a mere prelude of the “real” life to come. I find that both patronizing and offensive. I’d much rather make sense of the final stages of one’s life as a place in which to meditate and evaluate what has been done in the modest amount of time we have had. And then, watch curiously at the experience of death, the one final event.

If we are lucky, we’ll manage to do that; we’ll have time to do that. If we are less than lucky, our chance at examining our lives will be interrupted all of a sudden or, in slower fashion, distracted by pain and suffering.

seven.

It’s been, incredibly, seven months since I last posted something here. What has happened? What did I happen? should it be possible to ask such question in such a way.

I am falling from language. Where does one go when language is what’s lost?

… y con aviso.

Valgan las redundancias.

Uno descubre, cae en la cuenta, finalmente, que han dejado de quererlo. Dicho de otro modo: descubro que quienes alguna vez me quisieron, ya no me quieren. Más aún, descubro también que ya no existo como registro de nada en sus presentes. Soy todo pasado. Y eso en el mejor de los casos. En muchos otros, ni siquiera. He dejado de ser.

Esto supone un reacomodamiento mental, un hacerse cargo de la muerte que eso nos significa. Pero también quiere decir que la vida en cuanto tal, sigue su curso, y que si no fuera por este darse cuenta, uno andaría cual fruta en la heladera: perennemente fuera de estación.

Vaya pues, entonces, un enorme saludo a los que me quisieron y ya no, a los que ni se acuerdan ya que me quisieron, que los quise, que nos quisimos. Brindo por todos ustedes.

Válgame Fito Páez: el amor después del amor.

Ausente.

Existe la confusión de creer que el silencio es un lugar de ausencia. Suele ser todo lo contrario, particularmente cuando uno intenta franquearlo y establecer un nexo.

El silencio es una historia que continúa, como un agujero negro, infinitamente para quien observa desde el horizonte e instantáneamente para quien está sumido en él. Pero las experiencias no son comunicables sino excluyentes.

Uno supone que no decir nada es no decir nada a todos. Pero bien puede ser que sea no decirnos nada. Somos nosotros los destinatarios de la ausencia. Ahí cabe asumir que el silencio hacia nosotros es el otro en su voluntad de olvido. Es el intersticio del transcurrir en donde comenzamos, verdadera, concienzudamente, a dejar de ser.

 

Round around.

What seems to be another year. And the wind on the rattling windows. The sound gives solidity to the image.

The wish is for something to say, as if in saying it, it would be imbued with meaning. So I look back and I see what is found there and in the reference of the reference of this reference, there is nothing. There is truly no there, there.

So there I remain. Witty. Smart. Vacuous. Not a good space for writing. Too much of a dilettante, too little for someone actually concerned. A proposition without premeditated prepositions. An accident of the alliterative.

Vía México.

Hacia allá vamos. En breve. México. D.F. ¿Qué será el lugar que no conozco? ¿Cómo será después de conocerlo? Mejor dicho, ¿cómo será después de desconocerlo de cerca? Megalópolis azteca, lugar de donde volveré, cuando vuelva, si vuelvo, a como de lugar.

Cabe preguntarse esta tensión hacia el lado de irritar perennemente a Jamaica Kincaid (A Small Place). Sospecho que todo pasa por la angustia de querer demostrarse que uno – a diferencia del resto – no posee en el lugar del raciocinio, un espacio pequeño, pequeño. Un lugar tan diminuto que sólo puede entrar un dios o un prejuicio.

When I think of Mexico I think of diagonal lines.

Distances.

It is a peculiar thing to watch a former friend from a distance, see what they do, wonder what they feel. And you don’t want to approach the space of former hurt out of respect, and you don’t want to name the bodies gone out of decorum and you don’t want to add to the explanations out of exhaustion.

There’re the usual mournful gestures when a friendship dies, and there’s the allocation of responsibilities and more. There’s an initial “dies irae” period because making sense of loss takes time. Hopefully, eventually, you learn to live with loss and loss becomes a companion.

Eventually, the consolation is the fact that losses do accumulate. Some incidental, some accidental and some preventable but definite. Eventually the consolation is in the past because we enter the past for all futures to be.

In the meantime, a lesson to learn: watch the histories unfold, the lives of long lost friends evolve, grow, expand. Rejoice in the images, now that there are no sounds. Rejoice in the silhouettes, now that there is no volume.

Nieve en la ciudad.

Caigo en la cuenta – finalmente caigo – que esto que soy, quien soy, es todo lo que hay de mí. Un modo apenas de dejar constancias, el paso de los días, el cuerpo que se agota, que se agosta. Afuera hay nieve de un invierno crudo y en el lugar donde alguna vez me supe no sé ya qué hay o qué deja de haber. Me he convertido en todo un espejismo, siendo de ningún lado, como si no existiera, siendo de todas partes, como si fuera un sueño. Y entre la inmortalidad de lo ubicuo y el vacío de la ingravidez no tengo en qué quedarme, en dónde, en quién.

Así, la vida. Modo en el que acontezco: ahora soy sólo el ojo de mirar.